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Algunas fotografías del trabajo de la Componente Educación, del Programa Chalaco, desde marzo de 2003 a setiembre de 2006:
Algunas fotografías del trabajo de la Componente Educación, del Programa Chalaco, desde marzo de 2003 a setiembre de 2006:

Vanessa, profesora y colega de trabajo, debía ir a hacer un monitoreo a Francisco Bolognesi, y se sentía muy ilusionada y "segura" con la idea de que la acompañara yo. Me resulta dulce recordar aquellos días de trabajo arduo en campo, cuando el grupo de profesoras que llegaron por un diplomado en educación rural, dictado gratuitamente a maestros y maestras de Chalaco, contaban conmigo para las más audaces tareas, antes que con cualquier compañero "hombre" del grupo.
Me levanté a las 6 de la mañana, bajé del albergue municipal a buscar a mi compañera de viaje. Nunca antes había ido caminando hasta Bolognesi, sino en camioneta, por la trocha carrozable. Para mí era igual de nuevo (¡a buen árbol te arrimas, Vane!), por eso la noche anterior buscamos a mi amigo y compadre, Eddy, para que nos dibuje un mapa y nos contara de señales y desvíos.
Partimos, cargadas de fruta, chocolate y galletas dulces. Confiábamos en que el almuerzo nos sería dado por la Providencia, a través de las personas que visitaríamos. Afortunadamente, en el campo casi siempre es así. Compré un par de medias antes, para forrarme mejor los pies, ya que por esos días llovía y mis fieles zapatos ya daban indicio de no soportar más. Vane, linda ella, se atrevió a encarar la jornada con zapatillas de esas blancas con poca cocada, para educación física. Hay que ser valientes.

Una vez fuera del pueblo, habiendo pasado por una cancha de fulbito (o "futbolito", como sugiere el siempre "sutil" Marco Aurelio Denegri), nos dimos cuenta que el mapa de Eddy tenía ciertas inconsistencias, empezando por los puntos cardinales, que indicaban el sur hacia el lado en que vimos salir el sol (¡es un milagro que este hombre no se haya perdido mortalmente en el bosque de Mijal!).
Ya en camino, medimos tiempo y esfuerzo requerido. Ahí está el río, el valle es éste, sí, más o menos hora y media, si tenemos en cuenta que no podemos ir directo.
Antes de llegar al río, el camino tiene una pendiente muy aguda y llena de rocas. Tuvimos que bajarlo con mucho cuidado, pues en tiempos de lluvias el lodo es traicionero. Luego, finalmente, el río Naranjo, que nos ofrecía al otro lado un senderito lleno de charcos profundos, que hubimos de sortear a saltos.
Le conté a Vanessa que a veces, por el campo, aparecen ángeles, que clasifiqué en "hadas" y "duendes". Las hadas tienden a guiar tu lógica, que entonces no es lógica, sino instinto de supervivencia, o se transfiguran en personas que pasaban por ahí y te ayudan a seguir por la vía correcta.
Los duendes, en cambio, son juguetones y les gusta distraer. A veces quieren compañía, y te guían por caminos que no tienen nada que ver con el que buscas, pero es el de ellos. No llegan a extraviarte por completo, pero sí te hacen andar más, y se despiden con una sonrisa sinvergüenza. Ante eso, hay que disfrutar el paisaje, nomás, y seguir contento.
En esas divagaciones andábamos, mientras comíamos galletas dulces, cuando "apareció" una profesora del caserío Naranjo, quien nos contó lo mal que estábamos e indicó seguirla, pues ella sabía cómo podíamos llegar más rápido, y por carretera, que es suave.
Fuimos...
Llegamos a Naranjo, o, mejor dicho, a las primeras casas de Naranjo, pues el caserío es grande y hay que subir aún unos cien metros de monte, para tomar la carretera. La profesora entró al colegio y se despidió de nosotras. A descansar un rato, que seguirle el paso a una "propia" siempre será un poco desmoralizador y harto cansado para los foráneos, por más experiencia en estos trotes que se pueda tener.

Tomamos la carretera a Bolognesi. Allí encontramos a un joven que nos contó que desde el río hay que tomar el desvío a la izquierda (que estaba en nuestros planes y se lo dijimos a la profesora) y de allí se sube de frente a Bolognesi, que dimos mucha vuelta.
Vanessa y yo quedamos convencidísimas de nuestro encuentro con uno de esos "duendes" traviesos.
A vista de la primeras casa de Bolognesi, nos contaron los vecinos que la casa buscada, de la maestra Blanca, estaba bajando hacia el río (vaya...). A bajar, otra vez por una pendiente aguda, aunque menos empedrada y, por tanto, más resbalosa.
La casa de Blanquita nos recibió con cariño. Allí, Vanessa dio sus clases y yo conversaba con la familia, para averiguar los trabajos del Programa en los que participan, evaluar mejoras, dificultades y necesidades.

Fuimos premiadas con un delicioso plato de arroz a leña, con plátanos verdes cocidos y un trozo de carne seca encima, además de infaltables tortillas asadas y café.
Comimos a más no poder, porque estaba riquísimo, y todito, para no despreciar (es saludable salir al campo con disposición a aceptar gratamente la amabilidad de las personas, una de las principales reglas del citadino que trabaja en zonas rurales, que puede costar la desconfianza de toda una comunidad).
Después, como a las 3 de la tarde, nos tocaba despedirnos de Blanquita, su pequeño y la familia, para enrumbarnos unos cuantos metros (y resbalones) más abajo, a casa de doña Edita, don Domingo y mis -ahí aún futuras- ahijadas.
Nuevamente encontramos a una señora-ángel-duende, que nos animó a cortar camino por pastizales (si hay una cosa que me da miedo en las caminatas es, justamente, andar por pastizales, pues nunca veo a tiempo los huecos y los canales). La seguimos, por si acaso, y sí, llegamos antes, pero fue difícil volver al camino, por la humedad y los charcos.

Vanessa dio un mal paso y cayó de rodillas en un canal. Sus zapatillas estaban acomodadas a modo de zapatos "suecos". Pantalón enlodado y un buen susto, que se pasó con más cafecito en casa de la familia visitada, y un gran plato de "sango", a base de harina de trigo, sin refinar, frita con aderezo (cebolla y condimentos), queso y más tortillas.
Debo confesar que no nos cabía un bocado más en el estómago, pero rompía el corazón no aceptar un plato ofrecido con tanto cariño. ¡Pa'dentro, que algo de espacio habrá!
Luego, la azarosa tarea de hacerles a mis ahijadas los huequitos en las orejas. Hubo algo de sangre, pasa cuando te encuentras con algún vasito, pero Isis, la más pequeñita, es valiente como el que más, y sólo apretó la boquita.
Bueno, ya está. Les entregué sus aretitos de oro a ambas, y a celebrar con un par de copitas de cañazo. Edita quería que nos quedáramos con ella, pero debíamos regresar, no fuimos preparadas para trasnochar y Vanessa tenía reunión del trabajo en la noche... Además, ya empezaba a "neblinar" y pronto llovería.
Nos despedimos de "mi" familia y salimos corriendo. Lo que restaba de bajada era realmente peligroso, charcos de lodo, marcadísimo con huellas de mula.
Alcanzamos el puente, cruzamos el río y nos enrumbamos, de subida, a desandar lo andado y volver a Chalaco.
Antes de llegar, ya lloviznaba, y no sentíamos el cuerpo de lo cansadas que íbamos. Es que además, de regreso, llegamos cargadas de menestras, obsequio de la comadre, la gallinita (valiente bicho que sobrevivió a mi irregular andar) y, por supuesto, nuestros recargados estómagos de golosas circunstanciales (estoy segura que Dios sabrá comprender nuestro pecado capital de ese día).
En Chalaco, una ducha fría (helada, es el término más correcto) en el albergue. Antes, comprobar que mis zapatos colapsaron y que fue bueno forrarme los pies con dos pares de medias y bolsas. Mis pies, deshidratados, pero todo por una buena causa.

Cada vez que encuentro a Isis y Leslie, gritan contentas: ¡Mamá, llega mi madrina! Se siente un calor bonito en el pecho. Me gustaría ir a Bolognesi otra vez... Si quiere acompañarme algún lector de este blog, puede pasarme la voz.
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A Vanesita, Leslie, Isis y Edita.
Ya han pasado cuatro años de trabajo en la zona. Entre excavaciones, aplanamiento de un cerro para hacer el helipuerto, movimiento de material geológico para investigación, idas y venidas, se hacen públicos dos asuntos importantes:
Las primeras informaciones "oficiales" de interés general (es decir, ya cuando las cosas escaparon de control y había suficiente escándalo y morbo para incumbir a todo el mundo) salieron a la luz hacia mayo de 2005. Para entonces, Río Blanco ya se había reunido dos veces en Carmen de la Frontera con la Mesa de Concertación de Huancabamba y variados especialistas de dicha provincia, de Piura y de Lima (un amigo mío, comunicador y partidario de la explotación minera, fue contratado para filmar estos talleres).
Los temas de mayor impacto entre la opinión pública fueron: la conservación del medio ambiente y el agua (abanderado: Semana, suplemento dominical del diario “El Tiempo”), las ganancias obtenidas con el canon y regalías (tema de suma importancia para las autoridades regionales, incluyendo alcaldes de provincias costeñas), y la poca disposición al diálogo de grupos de campesinos manipulados por fundamentalistas ecológicos y/o terroristas y/o narcotraficantes (tesis defendida y difundida por el diario “Correo” de Piura).
Ha venido a mi memoria el recuerdo de aquel “súper especial exclusivo” que anunciara Panorama (programa de reportajes, de Panamericana Televisión), un domingo 31 de julio: acabó siendo una presentación en Power Point (por televisión de señal abierta, con sede en Lima), donde se relacionaba a los “líderes opositores a la explotación minera” (Monseñor Daniel Turley, obispo de Chulucanas, funcionarios de la ONG OXFAM y alcalde de Ayavaca) con el terrorismo y el narcotráfico.
Esto sucedía en los medios, de cara a la población urbana, mientras en el campo, entre los 1600 y 3000 m.s.n.m., la niebla y los acantilados, un número considerable de comuneros de Huancabamba y Ayavaca (mil aproximadamente, entre hombres, mujeres y niños), motivados por autoridades que luego no dieron la cara y con ánimos de cuidar lo que consideran “su casa” (así de sencillo y universalmente legítimo), desfilaban rumbo al cañón de El Majaz, para reclamar sus derechos sobre aquellos territorios, expulsar con presión social el campamento minero y asegurar que no se les quite a la mala uno de sus bienes más preciados: el agua.
Es que la zona de explotación minera, además de ubicarse al lado del río Blanco, está en el centro de un bosque de neblina, ecosistema frágil y productor de agua por precipitación horizontal en las partes altas de la sierra piurana (además de las lagunas de las Huarijas, ubicadas 20 Km. al suroeste del cañón).
Varias cosas son graves y ciertas, pero apenas se están conociendo y reconociendo como un problema social. La única prueba que tengo para afirmarlas desde un punto de vista personal es mi escaso conocimiento de la zona:
1
Sí hay narcotráfico. Las cercanías con las fronteras de Ecuador han convertido los páramos de Ayavaca y Huancabamba en un desvío obligado y apreciado por comerciantes de opio.
Nunca he visto cultivos de opio cerca de las Huarinjas, zona que conozco por haber trabajado allí un tiempo, en el 2003. Sin embargo, los campesinos eran concientes de que esas camionetazas con lunas poralizadas que a veces rozaban los linderos de Chulucanitas (Palo Blanco, Pacaipampa) y Caxas (Quinua, Huancabamba), eran del narcotráfico.
Una vez, uno de mis guías prometió traerme amapolas de un sembrío cercano a la Laguna Negra. Las trajo. Realmente eran margaritas, pero me sorprendió que este tipo de información circulara por el inconsciente colectivo. Alguna explicación debía haber.
Por otro lado, está Aragoto, en Ayavaca, zona prácticamente “tomada” por el narcotráfico, donde todo es de material noble y ay de ti si te atreves a entrar sin permiso. Lo típico, “todos lo comentan, nadie los delata”, una verdadera “leyenda rural” y triste muestra del aislamiento de estas localidades.
2
Hay terrorismo en la zona. No guerra de guerrillas, sino antiguos dirigentes de grupos extremistas, cabecillas de lucha armada que han hallado refugio entre las difíciles montañas de Huancabamba, y que a veces asaltan combis de transporte público para subsistir (aunque la mayoría de asaltos son obra de delincuentes comunes).
No es difícil dar con ellos en la capital de dicho distrito, sólo basta con ir al bar correcto y tener la actitud adecuada. Si eres extranjero, seguramente tendrás más suerte (como un amigo italiano que vivió la aventura de ser llevado enmascarado hasta la casita que ocupaban en el monte, sin hoguera, para no llamar la atención).
3
No todos los ideólogos “extremistas” que han participado en el conflicto de Majaz son terroristas. La zona es principalmente comunista, quizás porque la ideología marxista encontró un medio apropiado para echar raíces: pobreza extrema, abandono político y social, nivel educativo ínfimo, difícil acceso a los centros de salud más cercanos y una organización comunal ancestral.
Creo que no necesito explicar que ser de izquierda no te convierte en terrorista (ni ser musulmán en miembro del Al Qaeda, ni ser vasco en activo de ETA)…
Muchos líderes de la zona practican la ideología comunista y es el discurso que manejan. A su vez, los campesinos locales son plenamente concientes de no poder salir adelante si no lo hacen todos juntos. Practican el sistema de mingas (trabajo comunal y fiesta) para hacer obras públicas y el “peonaje” para cultivar y cosechar sus tierras (todos ayudan a uno, luego a otro y así se van rotando. Sus mujeres se encargan de preparar y llevarles el “fiambre” –refrigerio- y la comida). Sería tonto afirmar que todo este sistema de trabajo les viene de Marx.
4
La agricultura realmente pone en peligro los ecosistemas de la zona. Esto va ligado a otra afirmación: todos los territorios tienen dueño.
No conozco bien la historia de la adjudicación en algunos casos, pero la comunidad es dueña de todo el territorio que políticamente le corresponde. Por ello, sus miembros pueden hacer uso de la tierra, para cultivos y protección.
La verdad es que el aislamiento no ha permitido la inclusión en la agricultura de autoabastecimiento de métodos eficaces y orgánicos para el control de plagas, riego apropiado (sin desperdiciar el agua) y mejora de la producción, sin ampliación de la frontera agrícola. En Mijal, por ejemplo, ha ocurrido que la sobre explotación de suelos de cultivo, pastoreo y tala de árboles para madera y leña, han reducido un otrora importantísimo bosque de neblina a sólo 800 hectáreas.
El mencionado bosque tiene varios dueños y no todos participan en actividades de reforestación y conservación. Muchos de ellos destruyen en pocos días dos o tres hectáreas de árboles para cultivar alimentos de pan llevar o pasto. Además, tienen como principal técnica de “fertilización” del suelo el “rozado”, que consiste en quemar los restos de árboles que quedan en el área talada, “para asegurar la calidad de sus sembríos”.
Este suelo quemado tarda alrededor de cinco años en recobrar sus nutrientes y producir vegetación silvestre. Además, la mayoría de estas zonas acaban deslizándose hacia los valles, por acción de las lluvias de invierno serrano (noviembre - febrero), dejando el cerro “pelado” y sin posibilidad de recuperación.
En la reunión del martes 08 de noviembre, Ray Angus, Gerente General de minera Majaz, dijo que el bosque que rodea la zona de posible explotación ya está en peligro de extinción, por acción de la agricultura. Tiene razón.
La Marcha
Muchos personajes resuenan en los diarios locales. Fotos, nombres, acusaciones de irracionalidad, terrorismo, intereses ocultos, extremismo ecológico, compra de conciencias y manipulación, son las perlas que se atribuyen entre bandos (o que los periodistas, de una u otra tendencia, achacan al correspondiente opositor).
Muchos rumores también en la zona: dicen que toman de rehenes a todo visitante foráneo que se atreva a aparecer por ahí, que les tiene prohibido el paso a los “gringos”, que las rondas golpearon a turistas holandesas (o belgas, o suecas) hace tres semanas. Sí hubieron rehenes, la paranoia colectiva ocasionó que hasta colaboradores del censo nacional pagaran los platos rotos y fuesen rechazados con desconfianza.
La verdad es que las rondas campesinas de Pacaipampa y Chalaco reaccionaron con enérgica actitud activista ante la posible apropiación de sus territorios por parte de "mineros inescrupulosos" (es decir, cualquiera que escarbe en la tierra y no sea del lugar).
Esto generó malestar hacia los miembros de los proyectos de desarrollo rural que se ejecutan en las cercanías de la zona. Sin embargo, la verdadera “acción” ocurrió a los alrededores del río Blanco:
Entre el 25 y 31 de julio de 2005, alrededor de mil familias de campesinos de Huancabamba y Ayavaca (me dicen que hubieron también algunos de Chalaco), se encaminaron rumbo a la minera Majaz, para presionarles a que abandonen el lugar.
La policía nacional se hizo presente, sus efectivo llegaron en helicóptero al cañón. Los campesinos anduvieron cinco días, hasta el enfrentamiento del 31 de julio, que costó la vida de un rondero (muerte reconocida oficialmente, pues otras fuentes afirman que fueron siete).
En el enfrentamiento, se declararon “desaparecidas” varias personas, entre ellas un reportero de radio Cutivalú, quien, luego se supo, estaba detenido por la PNP. Él, amigo mío, me contó que partió con la comitiva de Ayavaca-capital para unirse a la marcha, que iban hombres, mujeres e, incluso, niños, que llevaban machetes y hondas, sus armas y herramientas de siempre, además de sus fiambres. Que, en el camino, comunidades vecinas los abastecieron de abrigo y comida, que era una verdadera “peregrinación”.
Es verdad que algunas autoridades locales, regionales y líderes políticos levantaron al cielo (y a los micrófonos de la prensa) voces de protesta, demandaron protección y ponderaron la odisea de los agricultores de Majaz a niveles heroicos, atribuyéndoles objetivos trascendentes para la humanidad. Los campesinos sólo querían conservar su tierra, su agua y su dignidad (incluso esto último bien podría quedar insatisfecho, a cambio de conseguir lo anterior).
Cosa cierta es que mucho influyó en el ánimo de la población el asunto de la minera Manhatan, en Tambogrande, que se vio obligada a suspender estudios y excavaciones por presión popular.
La población siempre echa de menos que se les cuente bien qué es lo que va a pasar a su alrededor, antes de siquiera mover una piedra. Es lo normal, lo cortés, lo políticamente correcto. ¿Cómo es que los habitantes de Choropampa (Cajamarca) no sabían que ese líquido bonito que se cayó del camión era mercurio? Un verdadero pecado no haber informado a la población de lo que se iba a hacer en los territorios cercanos a sus viviendas, antes de levantar la primera oficina.
Lo mismo ocurrió con Majaz, ¿para qué negarlo? El gobierno dice: ahí está, pueden hacer los estudios. Seguramente se le avisó al Gobierno Regional de Piura y a los alcaldes provinciales, e incluso distritales. Pero ¿quién le avisa a la población, quienes, finalmente, son los verdaderos “dueños de casa”?
En el enfrentamiento del 31 de julio sólo murió un campesino, decía el conductor de una radio local, “sólo uno, no sé por qué estos subversivos quieren exagerar. ¡Sólo fue un muerto!”. Ojalá alguien le explique a ese señor cuánto vale una sola vida y cuán grave es que hayan simplemente heridos en un conflicto civil.
Mi amigo el periodista me contó que otros conductores de radios escuchadas en la zona arengaban a los caminantes para participar de la “lucha armada”, hablaban de miles y miles de campesinos prestos a defender, como sea, sus tierras. Los 200 campesinos de la comisión de mi colega se miraban las caras extrañados. Eso pasa cuando uno no está viviendo las cosas y aprovecha las coyunturas sociales para sembrar ideologías personales. Luego, los objetivos reales se exageran o envilencen, y todos son juzgados mal.
También supe que los miembros de las fuerzas policiales socorrieron a los heridos y los evacuaron en helicópteros, un acto de rutina, pero digno de rescatar y loar. Finalmente, por seguridad, la minera decidió abandonar, momentáneamente, el campamento.
La reunión
Retomando el principio de este artículo-ensayo, tocaré el tema que me animó a escribirlo: la reunión con los representantes de Minera Majaz, en la Cámara de Comercio de Piura, el martes 09 de noviembre de 2005.
Estuvieron presentes periodistas de varios medios locales, autoridades regionales (César Trelles Lara en primera fila), el cónsul de Inglaterra, representantes de universidades, prensa, más gente importante y, finalmente, yo.
La intención era hablar en cifras sobre las ganancias para toda la Región Piura, del canon minero y las regalías. A continuación, los cuadros que presentaron:


Visto así, innegablemente es una ventaja grande para Piura contar con una mina de esta naturaleza en la zona.
El señor Angus también contó los trabajos de conservación ambiental que realizarían, estableciendo una reserva en un radio de 30 Km. (aprox.) alrededor de la mina, para proteger el bosque de neblina.
Luego de eso, vinieron las preguntas, que giraban sobre la construcción de una carretera para trasladar material a la mina (importante instrumento para sacar del aislamiento a las poblaciones de la zona, además de generar intercambios comerciales y, finalmente, desarrollo social); un mineroducto para trasladar el material y purificar el agua utilizada en la explotación; la indefinición para elegir el lugar donde se establecería el puerto desde donde se trasportaría el cobre a Inglaterra (Sechura –Bayóvar- o Paita).
Finalmente me animé a levantar la mano, ante la insistencia de mi buen amigo y colega Yuri, y de mi propia conciencia:
Tengo dos preguntas para usted. La primera: veo que la mina realmente va a reportar grandes ingresos económicos a la Región Piura. Eso es bueno para nosotros, los que vivimos en la ciudad. Pero, ¿lo saben los campesinos? Tenga en cuenta que su forma de gobierno es diferente. Aquí, la autoridad puede tomar una decisión y la ejecuta sin consultar a nadie, pues no es una fuerte obligación moral.
Sin embargo, allá existen comunidades campesinas, donde conviene hablar ya no con sus representantes en la Mesa de Concertación municipal, sino con las autoridades de base, presidentes comunales, tenientes gobernadores, jefes de rondas, la población del llano. ¿Ellos saben que ganarán todo este dinero? ¿Ellos les han dicho qué es lo que necesitan, para formular proyectos de desarrollo e inversión? Eso.
Y la segunda pregunta: ¿Cómo van a dejar la zona del yacimiento una vez que acabe la explotación minera?
Angus, con voz más calmada que la utilizada hasta el momento, respondió:
El trabajo con comunidades está recién en planificación. A los campesinos no podemos hablarles de cifras como aquí, pues no están acostumbrados, tal vez no entiendan y se hagan falsas expectativas. Nosotros queremos trabajar con ellos, con los habitantes de cada caserío. Tampoco se trata de llegar y decirles: ustedes son pobres y nosotros les daremos esto. Se trata de un trabajo más prudente y sistemático.
Estamos viendo el mejor modo de traducir todos estos datos para ellos, de trabajar con ellos en la formulación de proyectos. Nuestra empresa tiene la responsabilidad social de trabajar por el desarrollo de esta zona, de la gente. Pero, como te digo, no podemos decirles que les vamos a entregar dinero de un momento a otro. Esto lo vamos a ir trabajando de a pocos.
Tampoco nos conviene hablar ahora de inversiones porque ya entramos en etapa electoral y, de ningún modo queremos manipular las cosas, ni que algún candidato a la alcaldía utilice como excusa los ingresos de la mina para ganar la elección.
Respecto a la segunda pregunta, sobre cómo quedará la zona de explotación, ya vimos que el tajo abierto se hará en el “Henry’s Hill” y habrán lugares destinados a colocar desmonte. Alrededor queremos establecer una zona de protección forestal, que los mismos comuneros trabajen en ello. Es un lugar realmente hermoso y, pienso yo, se puede impulsar como destino turístico. No es lo mismo mirarlo en fotos que estar allá. Ojalá podamos conseguir eso.
Fue su respuesta y, francamente, le quedó bonita. Y más bonito sería si de verdad se consiguiera un nivel de armonía mina-desarrollo-conservación óptimo en esta zona tan pobre de Piura y del Perú…
(Hoy no he leído ningún periódico).
Sin embargo, harían falta administradores honestos, autoridades justas que aseguren el buen manejo de los recursos, la concertación comunal, la educación, la comunicación oportuna, la salud, la democracia. A eso sumémosle la absoluta necesidad de realizar cualquier labor de exploración y explotación con tecnología de punta, sin la cual no será posible reducir el impacto ambiental negativo a su mínima expresión.
En fin, quizás ya nos toca ejercer nuestra responsabilidad ciudadana, hacer el seguimiento correspondiente y fiscalizar este tipo de proyectos (incluso desde antes que el gobierno central dé su inconsulto “visto bueno”), en pos del bien común.
Saquen sus propias conclusiones.
Los pollitos que juegan y buscan comida, huyen de nosotros y se refugian bajo las alas de su mamá. No conseguí fotografiar a los bravos perros, estaba ocupada blandiendo un bastón, para ahuyentarlos...
Doña Catalina (Cata, para los amigos), nos da la bienvenida a su casa. Aquí nos detuvimos algunas horas, para grabar entrevistas en el vivero institucional, en donde se producen árboles para la reforestación del bosque de Mijal e introducción de sistemas agroforestales (surcos, barreras vivas, cultivos asociados con arbustos y árboles con algún tipo de producción beneficiosa para el agricultor, como frutales o madereros).
Alexander, de casi 3 años de edad, se asoma tímido. A veces me recuerda, a veces no. Es un verdadero sobreviviente, ha superado con entereza infecciones estomacales, mordeduras de perros y parásitos de chancho. Da igual, nada que no pueda dejar atrás con una alimentación a base de queso, trigo, maíz, tubérculos y cafecito de haba. Afortunadamente, desde hace 6 meses, tiene cerca una llave de agua potabilizada.
Edar, un púber como cualquier otro: con desobediencia a flor de piel, energía desbordante y desubicación universal. El segundo de los tres hijos de doña Cata. Orfiles, el mayor, no estuvo ese día. Andaba ocupado pastoreando ovejas y espantando zorros grises.
Los hermanitos en la cama familiar, me miran cocinar el almuerzo del equipo de rodaje (me tomé el rol de productora con la seriedad necesaria, como podrán ver).
Doña Cata me ayuda. Opina, sabiamente, que nuestra dieta a base de fideos, arroz y atún no es suficiente para mantenernos en pie allá en el cerro. Sacó algunas de sus papas y nos las obsequió peladas y cortadas, para freír. ¿A cambio? Algunos víveres, nada de plata, señorita, ¿cómo le voy a cobrar? Por el servicio y la atención no se cobra... Resulta extraño que una mujer que estuvo en Lima algunos años, de trabajadora del hogar, piense así... Más extraño aún que prefiera estar sola (es viuda), con sus hijos, en su cerrito de Vista Alegre. Voy a mandarle a hacer un poncho, por eso sí se anima a cobrar.
Para ser la primera vez que cocino en hornilla de tulpas, la cosa no salió nada mal... Pero claro, el problema en estas latitudes es que el agua tarda más en hervir y el arroz nunca llega a cocerse del todo. Mira tú...
De superviviente en alguna película post apocalíptica. Nótese el escudo de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) en mi pecho… No, no es fanatismo por la Madre Patria, es que la AECI nos financia el Programa Chalaco (gracias por ello), y hay que hacerle publicidad. Mal menor, ¿no?
Preparando todo para grabar en casa de doña Herminia, la abuelita más dulce de todas las que tengo (que son muchas, de verdad).
Las nietas (de verdad) de doña Herminia y don Pablito. Ellas y dos más viven en casa de sus abuelos, los ayudan a pastear el rebaño, cuidan a la vaca, colaboran en la siembra, aprenden a tejer y asisten a la escuela primaria de Altamiza, a 20 minutos de bajada (ida) y 40 de subida (regreso). No hay secundaria cerca.
Doña Herminia en su faena de pelar papas. Luego nos las invitaría con queso y cafecito.

Miramos (y grabamos) el atardecer, desde una parcela en el bosque de Mijal. Mágico...
De regreso, ya de noche, agradeciendo a Dios por la bendita luna que nos iluminó el camino de regreso (los 20 min. de bajada hasta Altamiza, donde dejamos la camioneta).
Al final del día, en Chalaco. Un merecido chicharrón de pollo, pescado, y brindis con yonquesour, un trago delicioso a base de huevo, azúcar y cañazo (primera o pócima), que tiene la propiedad de hacerle a uno perder todas las habilidades motrices a la segunda copita... ¡No vuelvo a beber eso en toda mi vida! (dije por enésima vez).
Y así con el sitio donde trabajo.
Las personas nos asociamos cuando necesitamos de un grupo para conseguir algo: sacar adelante un negocio, formar una organización (no) lucrativa, recaudar fondos para la fiesta de promoción de nuestros hijos en el colegio, oficializar un partido político, etcétera.
“Antes de que existiera nuestra asociación, las mujeres del campo éramos las menos escuchadas. Como vivimos dispersas en caseríos y ninguna quería reclamar sola, no se nos tenía en cuenta en las decisiones políticas que nos afectaban. En cambio ahora constituimos un grupo muy fuerte y nos invitan a los eventos del concejo y las mesas de concertación. Estamos al pendiente de todo lo que beneficia o perjudica a la mujer campesina”, dice doña Rubí Córdova, ama de casa, mamá de cuatro niños, Técnica Agropecuaria y actual presidenta de la asociación.
El Alcalde de Chalaco, Ing. Orlando Velásquez Calle, reconoce la importancia de dicha asociación, y considera necesario “trabajar para que la mujer conozca bien sus deberes y derechos, eleve su autoestima y sea capaz de fomentar el desarrollo de su comunidad”.
“Necesitamos de una asociación autónoma y poder ofrecer a nuestras mujeres un medio de subsistencia, la posibilidad de establecer una microempresa de costura y artesanías, para aportar recursos económicos y mejorar el nivel de vida de nuestros hogares”, señala doña Rubí Córdova.








