Por Chalaco y el Andino Central

Saturday, June 11, 2005

Arenales: detrás de la niebla

Publicado en el suplemento SEMANA
Diario "El Tiempo" - Piura
Diciembre 2003
Fotos y texto: Angela Valverde Ortiz
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¡No sabo!”… Negación rotunda, las manitos recogidas tratando de ocultar una carita requemada por el sol. Se tapa la boca, pero sabemos que sonríe por sus ojazos negros, muy vivos. Después, vencida por la alegría, suelta una carcajada. Empieza a andar, con las piernecitas muy separadas, salvando charcos de agua, lodo y desniveles en la tierra. Cualquier niño de su edad acostumbrado al asfalto se caería al tercer paso en ese camino, pues resulta difícil hasta para adultos citadinos con botines de montaña. Sólo la pequeñísima estatura de Jetsy nos confirma su edad: poco más de dos años.

Pasado el mediodía, en diciembre, mes de invierno serrano, la niebla parece salir de la tierra y llueve frío. Los propios están bien acostumbrados, sus ojos se adaptan con facilidad, mientras los desprevenidos visitantes no pueden ver dos metros más allá de sus narices. Arenales, caserío de la Meseta Andina, distrito de Frías, provincia de Ayavaca. Más de 3000 metros sobre el nivel del mar.

¿Qué es la Navidad, Jetsy? Se le deja al final, porque es la menor de cinco hermanos. Ya los demás sonrieron avergonzados y respondieron: “no sé”. Ella dijo que sí sabía, pero luego se desmintió. Le da igual, está contenta porque ha llegado mucha gente nueva a Arenales. Todos están reunidos en uno de los dos salones de la escuela primaria No. 14332, única escuela del lugar.

“Esos de blanco deben ser doctores”, observa Elvis, hermano de Jetsy. No se equivoca. Ese domingo (14 de diciembre de 2003) subieron de Chalaco un grupo de médicos. Fueron a dirigir talleres organizados por el Comité Local de Administración de Salud (CLAS) y el componente Salud del programa: “Desarrollo sostenible de ecosistemas de montaña en el Perú” (MIRHAS-PERÚ - Universidad de Piura), para capacitar a los “Promotores de Salud”, personas “propias”, campesinos de diferentes comunidades y caseríos, encargadas de velar por el bienestar de sus paisanos.

También participaron mujeres. No son promotoras, son parteras. Si todos trabajan por la salud de las personas, ¿por qué no unirse en un solo grupo? Podrá ser zona "machista", pero las señoras del taller saben lo que les conviene a ellas y a sus familias. Por eso han buscado, desde hace mucho tiempo, unirse a los médicos y recibir formación adecuada para hacer mejor su trabajo. “Es una fortaleza de la zona”, dice el Dr. Jorge Zagaceta, responsable del área de Salud del mencionado programa.

Los promotores deben dar a conocer lo que aprenden en los talleres a toda su comunidad. Así todos participan. “Es que a nosotros no nos gusta estar cruzados de brazos. Siempre que tenemos una necesidad, nos reunimos con las autoridades del caserío y presentamos solicitud a la Municipalidad de Frías, por ejemplo. Eso sí, no siempre nos hacen caso. Pero de todas maneras, ahí estamos”, dice doña Gosbinda Tocto Peña. Propia, 52 años, 11 hijos, partera.

Los habitantes de “Arenales” tienen muchas necesidades. Para empezar, están muy alejados de Frías, su capital distrital, y del Centro de Salud de Chalaco, a cuya jurisdicción pertenecen. “Una camioneta para llevar y traer pacientes no nos vendría mal”, dice Wilder Román García, Técnico de enfermería que trabaja en el Puesto de Salud del caserío, “está la ambulancia que sube y baja a varios sitios, pero no se da abasto”. Además, no todas las casas tienen agua potable. Les hace falta energía eléctrica, asesoramiento en los sembríos y, muy importante, profesores.

“Ésta siempre ha sido la zona más olvidada de Frías”, dice el director y único profesor nombrado por el Estado en la escuela primaria de Arenales. Don Serapio Orozco Berrú, natural de Frías, estudió docencia en Piura y sabe de sobra que meter a los niños de primero, segundo y tercer grado en un salón, y a los de cuarto, quinto y sexto grado en el otro, no es ningún buen método de enseñanza. Pero la escuela de material noble construida durante el gobierno de Fujimori sólo tiene dos aulas y no se da abasto para albergar como es debido a sus 72 alumnos.

Escuela primaria de Arenales y puesto de salud
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“El que hayan tantos chicos asistiendo al colegio demuestra que las personas de esta zona cada vez están más preocupadas por mandar a sus hijos a estudiar. Sin embargo, es una lástima no contar con los medios adecuados para atender a los niños como se debe. Una vez vino una señorita de Lima, del Ministerio de Educación, a ver cómo funcionaban los colegios “unidocentes” por aquí. Se molestó, dijo que era muy antipedagógico, un atraso. Yo le pregunté: ¿Qué sugiere usted que hagamos con lo que tenemos? No me respondió”.

Dos aulas y un profesor permanente. Dos profesores más, de “apoyo”, contratados por la Municipalidad de Frías, que se quedan sólo hasta fin de año, porque les pagan muy poco. “Las Municipalidades de Ayavaca y Frías nos ayudan, pero no tienen suficiente dinero. Nosotros necesitamos presupuesto para poder formar bien a los alumnos. Es cierto que los padres nos apoyan mucho, no tenemos problema con ellos. Pero por falta de profesores, a veces no se cumple con todo el programa. No se puede tener a los niños a medias, hay que enseñarles bien si queremos que piensen distinto, que desde chiquitos siempre busquen superarse”.


Superarse. Como todos. Nadie en Arenales está con las manos cruzadas, ya lo dijo doña Gosbinda. Arenales, frío en plena niebla, sol abrasador cuando brilla en toda su magnitud, entre nube y nube. Niños que cortan leña y pastean ovejas (como los pastorcitos del Nacimiento) después de hacer los deberes escolares. Adultos que trabajan diariamente en el campo, sembrando, pasteando vacas flacas (las propias) y vacas gordas (ajenas, quizás de algún ganadero). Campesinos que quieren vivir mejor y luchan por ello. Paisanos nuestros. Perú.

“Me he salido del taller porque mi hermanito fastidia a mi mamá”. Samuel tiene quince años, pero parece menor. Su madre es partera y su padre Promotor de Salud. ¿Qué es la Navidad, Samuel? Aupa a su hermano antes de responder. “La Navidad…” Mira al cielo blanco, quizás la niebla le sople una respuesta. “No sé… Es algo que celebran los creyentes, ¿diga?”.

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