Por Chalaco y el Andino Central

Wednesday, September 07, 2005

De cuando anduvimos grabando


Producción del vídeo institucional del Programa Chalaco, Día 5.
Bosque de Mijal, caseríos de Altamiza (Pacaipampa-Ayavaca) y Vista Alegre (Chalaco-Morropón).
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Cosas del trabajo...


Walter Mego, asistente del área de Comunicaciones, mostrando nuestra "obra maestra": el logotipo institucional del Programa Chalaco. Con él, don Albines, el chofer de la camioneta TOYOTA PiK Up, que nos acompañó pacientemente durante los 7 días de rodaje. Ambos, en Altamiza.


Juan Carlos More y Alejandro Machacuay, equipo del Centro de Producción Audiovisual de la Universidad de Piura, subiendo la trocha Altamiza-Vista Alegre. Muchos foráneos han dejado el hígado en esas "arenas", que los lugareños suben y bajan con total normalidad.


Vista de Pacaipampa (cuenca del río Quiroz), desde el bosque de Mijal, camino a Vista Alegre.

Los pollitos que juegan y buscan comida, huyen de nosotros y se refugian bajo las alas de su mamá. No conseguí fotografiar a los bravos perros, estaba ocupada blandiendo un bastón, para ahuyentarlos...

Doña Catalina (Cata, para los amigos), nos da la bienvenida a su casa. Aquí nos detuvimos algunas horas, para grabar entrevistas en el vivero institucional, en donde se producen árboles para la reforestación del bosque de Mijal e introducción de sistemas agroforestales (surcos, barreras vivas, cultivos asociados con arbustos y árboles con algún tipo de producción beneficiosa para el agricultor, como frutales o madereros).

Alexander, de casi 3 años de edad, se asoma tímido. A veces me recuerda, a veces no. Es un verdadero sobreviviente, ha superado con entereza infecciones estomacales, mordeduras de perros y parásitos de chancho. Da igual, nada que no pueda dejar atrás con una alimentación a base de queso, trigo, maíz, tubérculos y cafecito de haba. Afortunadamente, desde hace 6 meses, tiene cerca una llave de agua potabilizada.

Edar, un púber como cualquier otro: con desobediencia a flor de piel, energía desbordante y desubicación universal. El segundo de los tres hijos de doña Cata. Orfiles, el mayor, no estuvo ese día. Andaba ocupado pastoreando ovejas y espantando zorros grises.

Los hermanitos en la cama familiar, me miran cocinar el almuerzo del equipo de rodaje (me tomé el rol de productora con la seriedad necesaria, como podrán ver).

Doña Cata me ayuda. Opina, sabiamente, que nuestra dieta a base de fideos, arroz y atún no es suficiente para mantenernos en pie allá en el cerro. Sacó algunas de sus papas y nos las obsequió peladas y cortadas, para freír. ¿A cambio? Algunos víveres, nada de plata, señorita, ¿cómo le voy a cobrar? Por el servicio y la atención no se cobra... Resulta extraño que una mujer que estuvo en Lima algunos años, de trabajadora del hogar, piense así... Más extraño aún que prefiera estar sola (es viuda), con sus hijos, en su cerrito de Vista Alegre. Voy a mandarle a hacer un poncho, por eso sí se anima a cobrar.

Para ser la primera vez que cocino en hornilla de tulpas, la cosa no salió nada mal... Pero claro, el problema en estas latitudes es que el agua tarda más en hervir y el arroz nunca llega a cocerse del todo. Mira tú...

De superviviente en alguna película post apocalíptica. Nótese el escudo de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECI) en mi pecho… No, no es fanatismo por la Madre Patria, es que la AECI nos financia el Programa Chalaco (gracias por ello), y hay que hacerle publicidad. Mal menor, ¿no?

Preparando todo para grabar en casa de doña Herminia, la abuelita más dulce de todas las que tengo (que son muchas, de verdad).

Las nietas (de verdad) de doña Herminia y don Pablito. Ellas y dos más viven en casa de sus abuelos, los ayudan a pastear el rebaño, cuidan a la vaca, colaboran en la siembra, aprenden a tejer y asisten a la escuela primaria de Altamiza, a 20 minutos de bajada (ida) y 40 de subida (regreso). No hay secundaria cerca.

Doña Herminia en su faena de pelar papas. Luego nos las invitaría con queso y cafecito.

Miramos (y grabamos) el atardecer, desde una parcela en el bosque de Mijal. Mágico...

De regreso, ya de noche, agradeciendo a Dios por la bendita luna que nos iluminó el camino de regreso (los 20 min. de bajada hasta Altamiza, donde dejamos la camioneta).

Al final del día, en Chalaco. Un merecido chicharrón de pollo, pescado, y brindis con yonquesour, un trago delicioso a base de huevo, azúcar y cañazo (primera o pócima), que tiene la propiedad de hacerle a uno perder todas las habilidades motrices a la segunda copita... ¡No vuelvo a beber eso en toda mi vida! (dije por enésima vez).

Y así con el sitio donde trabajo.